Salvar la salud emocional en la pandemia.

Nur Slim explica cuál ha sido su fórmula para navegar en el último año de la pandemia, a la que considera una prueba social muy fuerte para los niños: 

No dejé de dar clases. 

Antes daba talleres a 30 niños y ahora, abro mi casa a clases particulares y recibo hasta cinco niños. 

Empecé con clases en Zoom, pero las quité porque con los niños no funciona. La mayoría de mis alumnos son menores de 10 años y la escuela les obliga a tomar clases así, se vuelve una agonía. 

Cuidar la salud emocional. 

Participar en todos los concursos que sean posibles.

Los resultados mostraron que el vínculo con los niños se fortaleció con la distancia y miran el tiempo que pasan en clase como una terapia en la que se nutren de todas las artes. 

“Tener pocos niños en el salón hizo que se trabajarán otros aspectos sociales. Además, me mandaban mensajes desde los celulares de sus papás. Se creó un vínculo, un espacio de pequeñas dosis para sentirse tranquilo. Pueden rayar una pared y pedir la música de Mozart, Vivaldi o escuchar el cuento de Pedro y el Lobo”. 

Para Nur fue posible correr el riesgo de reunir niños durante la pandemia, porque la parte emocional estaba amenazada. Es posible enseñar a niños pequeños que no han tenido interacción social a entender de qué tratan las emociones y la convivencia. No solo la pandemia atenta contra las emociones, en sí observa que vivimos en una generación poco tolerante a los niños. 

“Si un niño hace mucho ruido, desastre, se le dice maleducado. ¿Y quién juzga? los adultos que están 24 horas pendientes del celular”.

Otro rasgo negativo de la pandemia, de acuerdo a la compositora, es que acentuó la desigualdad social. Sí hubo clases gratuitas por internet, pero no en toda la República tienen el acceso a la red digital y pagar un maestro particular, en realidad, es un lujo. 

Mientras pueda hacerlo, Nur abre las puertas de su casa, para despertar el potencial creativo de los niños, con música, colores, bailes, el libro del pedagogo Murray Schafer “El rinoceronte en el aula”, y más. 

“En mi casa no hay bancos, todo está en el suelo y siempre los niños están ávidos de estudiar”. 

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La niñez del ´chip´de la inclusión.

“Nosotros estamos aprendiendo a hacer arte”, una niña grita a todo pulmón en un salón mientras juega con otros niños. 

Las paredes están pintadas con rayas multicolores, hay desorden en el aula, no hay bancas ni pupitres. El ambiente es relajado y un espacio de libertad para los niños. 

La compositora mexicana Nur Slim deja que rayen las paredes de su casa, donde acondicionó un salón para juegos. 

“Por dios, es una pared, ¿quién dijo que tenían que estar blancas?”, platica a Xacara con una sonrisa grande, gafas negras y voz amigable. 

Desde hace cinco años, Nur detecta que los niños y niñas menores de 10 años a quienes enseña y de quienes aprende, vienen con un chip innato que no hace distinciones entre hombres y mujeres en juegos, cosas o capacidades.  

“Los niños y niñas, entre ellos mismos se corrigen. Marcan la equidad de género y la viven cada día. No he tenido que decirles qué es, traen otro chip. Tengo niños con cabello largo, niñas con cabello corto, todos de pantalón y de todos colores”.  

Nur es ganadora de más de una decena de becas y concursos. Se forjó en recintos como la Escuela Superior de Música (en el área de jazz), en la Universidad Veracruzana, en composición orquestal con el maestro Jorge Ritter y en la Superior de Música del Cenart, solo por mencionar algunos. Además, sus obras se han interpretado fuera de México y ha participado en innumerables festivales.

La sincronización de su vida con los niños, viene cuando en el 2018, en el Encuentro Nacional de las Artes inició el proyecto Animalezas Sonoras. Una etapa motivada por la necesidad de buscar una vinculación con su hijo Oliver de 5 años de edad.  

  • ¿Cómo la cultura inculca la igualdad de género? 

“Mi misión con los niños y niñas es precisamente hacer que sean personas que piensen más. No me enfoco en si van a ser músicos o no, me interesa que sean niños y niñas creativas, propositivos  y que puedan expresar lo que sienten. Trabajo una interdisciplina, tenemos pintura, música, hacemos escultura, mezcla de todo para mí es importante que sean libres y firmes en lo que creen, eso en el futuro les dejará tranquilidad”.

  • ¿Es necesario conmemorar un Día Internacional de la Mujer para visualizar las diferencias que aún existen?

“Sí, es necesario recordar todo lo que otras mujeres han tenido que pasar para que ahora tengamos los mismos derechos. Crecí con dos hermanos varones más grandes que yo, y siempre era todo igual. Desde pequeña no me gustaba usar vestidos, me subía a los árboles, tenía mucho la influencia de los hombres en casa, mi carácter se hizo diferente, he sido aguerrida”

Sin embargo, fue hasta el nacimiento de Oliver, cuando iniciaron los comentarios sobre qué hacer durante la maternidad, es decir, quedarse en casa, hacer de comer y estar al servicio de los hijos.  

“No tiene mucho que regresé a la Universidad a estudiar música clásica. En lo profesional no he tenido problemas de desigualdad, pero encuentro personas que me cuestionan cómo puedo trabajar con un hijo. Mi madre me educó como mujer independiente y así es como yo educo a mi hijo”. 

Nur destaca a tres mujeres referencia en su vida: su madre, Guadalupe Galván y su compañera Gabriela Maravilla. Su madre le ha enseñado que no hay imposibles, es una médico que “no para de estudiar y me inspira a tratar de ser como ella”. Sobre la poeta Guadalupe Galvan, desde hace 20 años admira lo que escribe, lee y el conocimiento que comparte, y sobre Gabriela admira que a sus 24 años tiene amplio un background  de estudios.